jueves, 17 de diciembre de 2009

La 422 y la cicatriz

Tomás entró en la habitación 422. Tenía ocho años. A su abuelo le daban el alta ese día, y había ido a recogerle con su madre. Pero a la vuelta de su compra de un refresco, se equivocó de puerta. La imagen de aquel anciano terminal lleno de tubos le marcó de por vida. Ahora, a sus treinta y nueve, su padre está ingresado, pero él es incapaz de visitarle. El recuerdo le vuelve a la memoria incesantemente, a veces en momentos estúpidos, como cuando mete el pie en el segundo calcetín, ni él sabe por qué. Él lucha día a día consigo mismo para olvidarlo. Sabe perfectamente que si su padre no sale del hospital, y él no se digna a hacerle una visita, una única visita, le remorderá la conciencia de por vida. Pero es incapaz, miserablemente incapaz. Tomás tiene miedo, como todos. ¿Y la cicatriz? Tomás tiene ombligo, como todos.

martes, 8 de diciembre de 2009

Tempus fugit

Limpió con whisky su bigote aún empolvado un segundo antes de eyacular. Se estaba haciendo viejo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿Si sólo pudieses ver una película más en tu vida, cuál sería?

Sería un descarado ladrón de coches, asesinaría a un policía sin demasiado remordimiento, me enamoraría de la chica que no me conviene pero es preciosa, pensaría todo el día en hacerle el amor y quizá se lo haría, se convertiría en mi cómplice, huiríamos juntos, intentaría llevármela lejos de aquí, y justo antes de que su estúpido idealismo (o yo qué sé qué) me traicionase, y yo recorriese patética y genialmente toda la calle, tambaleándome de coche en coche mientras me desangro, justo antes, vería "Al final de la escapada". Y antes de morir, le diría que es asquerosa. Y me cerraría los ojos con mi propia mano para no ver nunca nada más. Fin

miércoles, 1 de julio de 2009

Odiseo Flog

No encuentro mi pasión, no sé qué es lo que más quiero. No tengo claro por qué motivo sería capaz de sacrificar y poner en juego todo el resto del mundo. Por eso me gusta tanto la gente con una pasión, porque tiene claro el camino que quiere recorrer, porque saben hacia dónde quieren encaminar sus pasos, porque saben el porqué de casi cada uno de sus movimientos vitales. Una vez conozco a una persona con una pasión, una pasión real, inmediatamente cambio di manera inconsciente mi punto de vista sobre esa persona; la veo con otros ojos y, lo que es más importante, entiendo infinitamente mejor cada comportamiento que esa persona tiene, porque sabia hacia dónde van dirigidos. Siento cierta envidia hacia estas personas; por mil defectos que puedan tener, por miles de cosas que puedan no gustarme en ellas, siempre prevalece esta pasión que mueve sus vidas. ¿Mi problema? Que no conozco mi pasión, ella y yo todavía no nos hemos encontrado. ¿Mi problema real? Que me da miedo no encontrarla nunca, que mi vida sea una constante búsqueda de esa pasión intangible que nunca encontraré porque realmente no existe. ¿Mi consuelo? Que me encanta la gente que la encuentra con muchas primaveras a sus espaldas, me da ánimos para seguir buscando. Tengo toda una vida para demostrarme que existe, encontrarla, conocerla, abrazarla hasta exprimirla como un limón. Y, si se acaba, volver a comenzar desde el punto en el que estoy hoy (o con un poco de suerte, desde más adelante). Una vez exprimida una pasión, uno ha amado y ha perdido, pero al menos ha conocido ya el amor. Y sería muy cruel dejarme a mí mismo sin una historia tipo "Titanic" con mi pasión vital queriéndome hasta la congelación. ¿Mi consuelo real? Que todavía hay millones de lugares, cervezas, personas, camisetas, películas, ventanas, miradas, montenegros, nubes, cucarachas, canciones, cuadros, labios, libros y mundos donde encontrarla. Es decir, que puedo buscar dentro y fuera de mí mismo, dentro y fuera de mi familia, dentro y fuera de mis amigos, dentro y fuera de mis recuerdos y mis sueños, dentro y fuera de mi casa, mi barrio, ciudad, país, continente...Tengo la incalculable posibilidad de viajar, en cada una de las (im)posibles acepciones de la palabra. Y ésta es una de esas cosas que se encuentran buscando, al menos en mi caso. Sin olvidar nunca al griego que genialmente nos apartó la vista de la isla del telar. Y quizá sea ésta mi pasión precisamente, o sólo el primer paso.
Una sola cosa está prohibida. Llegar a cierto momento en la vida en el que acepte irreductiblemente el hecho de haber traicionado/abandonado/sacrificado/olvidado mi propia pasión. A día de hoy no entiendo la gente capaz de hacerse algo así a sí mismos. Y me parece elefántico el hecho de encontrar algo que se sitúe por encima de una pasión propia, incluso colaborar a la pasión de otro. Quizás dentro de poco (o de mucho) lo entenderé y mi admiración será mayor que mi estupefacción y mi indignación.
Mientras tanto sólo queda comenzar el viaje empezado hace tiempo, fiarse de una casa dentro de una maleta muy personal y no olvidarse nunca de que si fracasamos o nos rendimos, el mayor perjudicado seremos nosotros mismo.
Buen viaje, amigo, y no olvides que la suerte es para los valientes
Y con música de Gecko Turner, "Dime que te quea" (no encontrado link en la red para escucharlo)

viernes, 22 de mayo de 2009

Me quedé sin táctica ni estrategia


DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias y los graves diagnósticos


defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres


defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa


defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas del azar


y también de la alegría

Gracias, tocayo, un poco por todo, desde las chicas conquistadas a tu costa hasta las realidades conocidas y queridas sólo gracias a tus susurros. Puedo decir sin temor a equivocarme que te debo parte de aquello en lo que me he convertido (y me estoy convirtiendo). Extraño hablar con un muerto por Internet, pero hermano, te queda un rato hasta que te mueras y te dejemos en paz; al menos en mi cabeza, seguirás rondando hasta que acabe como tú. Y ay, pobres hijos míos, como me digan papá leénos un cuento... He vuelto, sí, y mejorado (al menos me siento mejorado) pero lo importante es que se ha ido él. Y me molaría mucho escuchar esa canción.


viernes, 27 de febrero de 2009

Mañana quiero
madrugar
de una vez

jueves, 19 de febrero de 2009

Etapas, tapas y demás

Se suele decir que la gente cumple etapas, que se termina una que queda pequeña y que se empieza otra que aún parece un mundo. A veces parece verdad, y a veces no resulta más que una sarta de mentiras. Si fuese así, podríamos catalogar a las personas que conocemos por la etapa vital en la que se encuentran, y casi nunca acertaríamos. Sin embargo, me resulta casi obvio que lo que vives te va formando, y cuanto más diversas son las cosas que pasan por delante de tus retinas, yemas o glándulas salivares, más amplio es tu punto de vista de las cosas. ¿Podrá esta diversidad incitarte a pasar etapas sin que ni siquiera te dieses cuenta? Normalmente lo que más miedo me da es no darme cuenta. Así que sí realmente es verdad que existen estas etapas socio-vita-mentales, digamos que me da igual empezar y terminar, y vivir, mientras me dé cuenta. Porque estar medio dormido es una gran putada. Y despertar puede sólo ser otra parte de otra etapa. Y cuántas tonterías juntas. Y a la vez, no puedo dejar de ver estas etapas en los demás y más allá del espejo, sin saber bien en cuál está cada uno, ni en cuál quiero estar. Mientras, busco un animal ni muy grande ni muy pequeño, de tamaño medio, entre un conejillo de indias y una cebra delgaducha. Estés en la etapa de tu vida que éstes, y en el punto de la misma que éstes, feliz momento.

Y sí, ahora mismo me iría de tapas.

lunes, 9 de febrero de 2009

Los ríos de Antoine

Antoine se despertó con frío, como casi todas las noches. Sin embargo, la gélida almohada no le impidió acurrucucarse un poco más entre las sábanas y dormirse otra vez hasta pasado el mediodía. En su habitación no daba el sol, y esto, sumado a la economía de subsistencia que impedía encender demasiado tiempo la calefacción, le hacía gastar demasiadas calorías en sus muertes nocturnas cotidianas. Además, nunca se acostaba a la hora que se proponía. Tenía la extraña sensación de que su verdadero mundo empezaba a partir de ese momento en el que quedaba a solas en su habitación, y el universo se habría ante su pijama. Ayer Antoine tomó un desayuno rápido, después de una ducha al ritmo que le fue posible y de vestirse a una velocidad que podríamos llamar adecuada. En cuanto su bibicleta subió la cuesta de todas las mañanas, sintió la humedad que caracterizaba su vida en esa ciudad. Mientras se desperezaba pedaleando, contestó con un "gracias" instintivo a una señora que le cedió el paso, del que se sintió muy orgulloso hasta que cayó en su error. Aún no tenía un total control de la lengua recién aprendida estos últimos meses, lo que se notaba sobre todo los primeros minutos del día después de abandonar la horizontalidad, cuando la madre(lingua) era bastante más fuerte. Siguiendo la vereda que conectaba su casa con el centro, se dio cuenta de algo que, quizás por ser tan obvio, se le había escapado entre las manos hasta ahora. A pesar de vivir a cincuenta metros de la orilla, nunca se había dado cuenta de lo importante y simbólico que era el río. Y de lo que cambia de vivir en una ciudad masificada en la que la palabra "río" es asociada a un nauseabundo olor a pies, a ver cada mañana el río del mundo que mejor refleja las casas, las nubes y los sentimientos. Un río es un espejo, escupe la cruel realidad igual que lo hace el del baño de Antoine por las mañanas (y por las noches). Pero un río tiene muchas más funciones. Además de crear manchas de humedad en todas las casas de amigos a las que ha ido Antoine, el río simboliza, por ejemplo, la consecuencia. El día que llueve, truena, relampaguea o hay una tormenta, el río crece, como es lógico, pero no deja de hacerlo ese día. Uno, dos o hasta tres días después de la lluvia, el caudal del río es más grande, los detritos arrastrados aún flotan en sus aguas, y la velocidad es al menos dos veces la normal. Pero fuera del agua hace mucho calor, y el sol se refleja en sus agitadas aguas. Joder, ya ni me acordaba de que el sábado llovió, piensa Antoine mirando al río. El río sirve para llevarse las penas, para sentir que la tierra sigue girando sin uno mismo, para pasear, sin más. Y justo en ese momento, Antoine pensó en ella, con todas sus fuerzas, pero sin hacer el más mínimo esfuerzo. Cuando llegó a clase, Antoine se secó las lágrimas y se sentó sin dar explicaciones a nadie. Todavía hoy no sabe si lloró de rabia, de pena, de cariño o de alegría.

viernes, 6 de febrero de 2009

El asesino difuso

"El escritor escribe. Si alguien quiere aprender a escribir podrá llegar a ser una persona que escribe, pero nunca será un escritor. Según Raymond Chandler entonces, soy un escritor ya que escribo. Me faltaría saber si escribo bien y si tengo un estilo propio. El estilo no se busca, se tiene o no se tiene y no se sabe el por qué.

Nadie mejor que yo sabrá si escribo bien, vivo de eso, vivo de criticar y analizar lo que otros han escrito. Enseño literatura. El íntimo menosprecio que siento por mí mismo alimenta mi autocrítica. No me será necesario esperar la aprobación de algún editor, si esto que hoy comienzo resulta una basura o es solo mediocre, o no tiene la calidad que espero encontrar al leer obras ajenas y que siempre ha sido escasa. Este manuscrito entonces, nunca conocerá la elegancia del Garamond o la vulgaridad de cualquier otra tipografía. Lo leerá Lili, algún amigo, tal vez mi hijo. Con Lili me alcanza. Escribo por ella y para ella.

No sé si lo que nos pasa es una historia que valga la pena contar, no sé si hay una historia o si esto será un diario o un cuaderno de notas. Sé que hay desorden, decepción, desconcierto. Hay un país que nos destruye, un mundo que nos expulsa, un asesino difuso que nos marca día a día sin que nos demos cuenta. No tengo una respuesta. El vivo ha de atar cabos en plena oscuridad.
(…)
Lili dijo que uno sabe pero se olvida de que sabe, esa es la manera de convivir con la lucidez pero la cosa se complica cuando uno no se puede olvidar.El despertar de la lucidez puede no suceder nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo y cuando llega se queda para siempre.Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se lo quiere aceptar, que la vida nace con la muerte adosada. Que la vida y la muerte no son consecutivas sino simultáneas e inseparables.Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia.
(…)
La lucidez es un don y es un castigo. Esta todo en la palabra. Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal.
(…)
El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda Es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe, hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de mantener. De repente sin motivo se va, se apaga, desaparece. Es entonces cuando se sigue o no se sigue. Se puede o no se puede. Y si no se puede no hay culpa. No importa el amor de los otros, ni el amor que uno siente por ellos. Si uno no sigue, todo sigue sin uno y sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa. Se conoce la muerte antes de morir. Es un final antiguo, rutinario y común, es un final deseado que se espera sin temor porque uno lo ha vivido ya muchas veces. Todo da igual."

Lugares comunes, Adolfo Aristarain


Increíble y, sin duda alguna, lúcido

jueves, 5 de febrero de 2009

Delfos ombliguesco

A veces las pajas mentales llegan a un extremo tal que uno no sabe si merece la pena expresarlas, escribirlas o deletrearlas eructando. En el sentido de que no sabe si sirve para algo, si alguien llegará a entenderlo, si tú mismo llegarás a entenderlo. Y el principal problema que surge es empezar por el principio. Me encantaría postear algo mucho más interesante, para mí mismo. Es decir, me gustaría estar escribiendo algo que a mí me gustaría leer. Pero por suerte o por desgracia estoy escribiendo algo que a mí me sale escribir. Podría escribir de lo genial que me pareció el otro día la archicomentada "Hierro 3" de Kim Ki Duk, lo que me apetece ver "Linternas rojas" comprada en una feria de CD´s y DVD´s usados el domingo pasado, lo que me está flipando descubrir los entresijos de la cultura italiana o las ganas que tengo de releer los manuales de supervivencia juvenil de Salinger y Keruoac que descubrí gracias a mi hermana, a la que le debo tanto. Por no hablar de Punset. Pero en vez de dedicar post a estas cosas tan chulas que me molan tanto, me lo dedico a mí.
De un tiempo a esta parte me doy cuenta de que tengo una tendencia egoísta innata que me obliga a pensar en mi persona un tanto por ciento del tiempo demasiado elevado. Lo peor de todo es que si no hago consciente esta tendencia y le pongo remedio, ella por sí sola no para nunca. En realidad, desde que llegué a esta ciudad no he hecho más que pensar. Bueno, vale, tampoco tenemos que exagerar, pero se podría decir que una buena parte del tiempo la he dedicado a pensar (uy, sí, en mí) pero también en todo aquello que me rodea, en orden proporcional a la distancia que hay entre el rodeado (yo) y las cosas circundantes. Digamos, por simplificar, que he tratado de poner en orden mi universo. No sabría decir en qué punto de la limpieza de la habitación estoy, ni los resultados obtenidos, pero me atrevería a decir que he ido hacia delante, que estoy abriendo puertas que siempre han estado delante de mí pero que hasta ahora solo utilizaba para colgar posters.
En cualquier caso, no es fácil encontrarse a uno mismo, sobre todo cuando nunca te has buscado de verdad, y en vez de usar perros de rastreo has sobrevolado la zona con un helicópteo cutre-salchichero. Llegados a este punto resulta lógico que, cuando sientes la llamada de socorro de tu propio yo perdido dentro de ti (qué imagen más freudiana y qué bien nos viene), no tienes más remedio que ir en su rescate por tu propio bien. Una vez has movilizado los efectivos, encontrado los elementos desentonantes, y localizados los montañeros perdidos (cierto que esta es la parte que más esfuerzo requiere), lo único que te queda es pasar a la acción. Porque como a todos nos han enseñado desde que eramos moquillos sentados en las incómodas sillas del colegio, una cosa es encontrar en problema y otra, muy distinta, es encontrar la solución. Puesto que una vez reconocido un problema no se puede obviar el mismo, ya que se convierte en una lacra inútil que encima nos remuerde la conciencia, nos remangamos y metemos las manos en el fango. (Llegados a esta parte debo confesar que empiezo a perderme dentro de mi propia metáfora, creo que los escaladores aquí no pintaban nada, así que vamos a simplificar). Te sientes perdido, te llamas, buscas el problema, lo encuentras, pones solución, esperar resultados.
Así escrito resulta facilísimo, pero a mí me ha costado cuatro meses, varios días chungales, alguna lágrima que otra (jodidas cebollas) y ocasionales dolores de cabeza. No puedo decir que he estado mal. No puedo decir que no he estado. No puedo decir que no he sentido una evolución. Pero sí se podría decir que he vivido en una especie de estado de hibernación en el que todo tenía un color diferente. Pero el mundo seguía exactamente igual, aunque mi cristal estaba empañado o algo por el estilo. O, como leía el otro día no sé donde, me estaban regulando la vista con las gafas de metal totalmente horrendas del oculista. Cogiendo ahora está metáfora, en la que seguro me perderé antes de que se autodestruya, podría decir que me he dado cuenta de que veía mal, he ido al oftalmólogo, me ha graduado, he ido a la óptica, me he comprado unas gafas super chulas (de gafipasti, por supuesto) y ahora acaban de llegar a casa (las gafas).
En conclusión: que a partir de ahora veré mejor la televisión, no tendré que acercarme tanto a los libros para ver la letra, y todo tendrá otro color. ¿Qué ha cambiado? Nada, en realidad, nada. Simplemente me he remodelado por dentro. O, en realidad, estoy tapando todos esos baches que sentía por dentro y que no entendía. Digamos que estoy entendiéndome a mí mismo. Que estoy revalutando (cogido del italiano) lo que me gusta de mí y lo que no me pienso conceder más. Digamos que la lucidez es totalmente odiosa y genial. Digamos que, por fin, disfrutar cada segundo de vida es maravilloso. Porque, de hecho, todo la tristeza inútil que albergamos en nuestros cerebros ("El alma está en el cerebro", mr. Punset, lo del corazón es una estúpida herencia aristotélica) carece de sentido cuando nos damos cuenta de:
1.- El brikindans (lo siento, no quería hacerlo). En serio, de:
1.- La verdadera tristeza y desolación que existe en el mundo, y
2.- que somos muertos que vivimos.
Lo cual, en vez de convertirme en un pesismista arrancapelos, me hace sentirme un tío consciente de la realidad. Y esto, a su vez, en vez de atarme al suelo, me ayuda a volar, soñar y flipar (pero para bien), porque cuando conozco de donde parto, me resulta mucho más fácil ignorar absolutamente cualquier realidad (incluso dimensional) de hacia donde me dirijo.
Encontrémonos, como diría el Oráculo de Delfos (qué hijos de puta los griegos, nos dieron mil vueltas hasta en psicoanálisis hace 2500 años, y nosotros creyendo que reinventamos el mundo ahora). Y sonríamos, sonríamos hasta que nos duelan las uñas de los pies de sonreir, hasta que cada una de nuestras células sonría, hasta que nos resulte imposible meternos de nuevo en los serios y estúpidos canones prodébiles preconcebidos. Y entonces, el elefante, se durmió.
P.D.1: Y Noé me dijo por el Messenger: "Pilla la chica del mundo que más te guste que yo me piró de aquí con todos los bichos empareja'os". Increíble la lluvia en esta ciudad.
P.D.2: Si alguien se considera mi (lector)a (y no meto entra paréntesis la "a" porque sé que seguramente esto lo lerá una chica, genia, seguro), gracias por hacerlo. Y perdón por la extensión y la temática ombliguesca que, de alguna manera, tiene su lógica. Es curiosa la relación entre el ónfalos (http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93nfalos) y el "Conocéte a ti mismo", como si los sabios te pidiesen que lo hicieses de vez que cuando; ombliguear, digo. Qué délfico todo, la verdad.

miércoles, 28 de enero de 2009

Autodecálogo

1. Si te da miedo, hazlo.
2. A veces, ser tú mismo implica ser diferente.
3. Si no eres tú mismo, no eres nadie.
4. Si te da miedo ser tú mismo porque eres diferente, elige si prefieres ser diferente o no ser nadie.
5. Si te quedas en la cama, no eres tú mismo, eres simplemente un perezoso.
6. No todos los días son días de fiesta, pero disfruta todos como si lo fuesen. Cumple tus obligaciones, pero no seas capullo.
7. No te agobies ni te obsesiones con gilipolleces. ¡¡Venga, coño, que la vida son dos días!!
8. No intentes ser ni hacer lo que los demás esperarían o crees que esperarían de ti, pero nunca ignores ni pases por encima de sus sentimientos o ideas.
9. Sabes que te encanta mirarte el ombligo, pero levanta la vista para mirar a los demás. Si no lo haces, estarás solo y, peor aún, serás un capullo egocentrista.
10. No te inventes excusas estúpidas para no cumplir tu autodecálogo, que nos conocemos.

lunes, 26 de enero de 2009

Yahvéh, Jesús y Alá, o los trillizos González

"Las tres grandes religiones basadas en la fe en un único dios - el judaísmo, el cristianismo y el Islam - están genéticamente conectadas entre sí, y por mucho que el dios único pueda aparecer caracterizado de diversa manera en cualquiera de ellas, está claro que se trata del "mismo" dios, pasado del judaísmo al cristianismo y formado entre los árabes bajo la doble influencia judía y cristiana. Sin embargo, aunque se tratase de un producto histórico único, nada impediría tratarlo desde un punto de vista tipológico, señalando, esto es, los diferentes carácteres de aquellos de otros seres suprahumanos, objeto de creencia y culto. Pero hay otra religión que también tiene un dios único - anterior al cristianismo y sustancialmente independiente del judaísmo -, la religión "mazdea" del antiguo Irán (y de los pocos "Parsis" que la conservan todavía). Si bien el mazdeismo ha surgido en el mismo gran momento histórico en el que se coloca la profetización ebrea y otros tantos movimientos anti-tradicionales asiáticos y europeos, su dios único, Ahura Mazda, revela una génesis independiente de la del dios ebraico."

Traducido de Introduzione alla storia delle religioni, Angelo Brellich


Curioso, cuando poco, a la vez que satánicamente irónico.

domingo, 25 de enero de 2009

Empezar por el principio, ja

Todo blog apenas iniciado conlleva normalmente una presentación de aquel que lo ha creado y pretende desarrollarlo. O si queremos ser muy alternativos, no conlleva ningún tipo de presentación en absoluto, que así tiene más misterio. También se supone que inherente a la primera entrada, este pequeño diario cibernético presupone un compromiso con cierta asiduidad a la actualización del mismo. O si queremos ser más alternativos aún, podemos empezar el blog sin ningún tiempo de previsión de futuro, ya se verá. Y también el inicio de un blog (como de la mayoría de las cosas de este mundo) tiene mucho más sentido si se empieza desde el principio. Puede que tampoco se lleve a cabo este punto, pero en este caso no se puede decir que sea por alternativismo. Simplemente, no sé dónde está el principio (sí, esto es tan prototípico como no presentarse o no actualizar, pero qué le vamos a hacer). Pajas mentales mezcladas con laberintos cerebrales hacen de esta búsqueda una tarea infructuosa desde su principio (qué irónico). A lo mejor bastaría, y no estoy hablando del blog sino de quedar en paz conmigo mismo, explicar el porqué. Sencillamente decir qué me ha llevado a escribir el blog, a sentir la necesidad física de escribir lo que pasa por mi occidental e insignificante cabeza y depositarlo en un espacio accesible a toda la humanidad (qué mentira tan grande, cojones). En fin, son tan estúpidas todas estas cavilaciones centro-ombliguísticas postmodernas, que no podemos hacer otra cosa que darles un poco de importancia para dárnosla a nosotros mismos. Para sentir que, de alguna manera, no somos un ínfima parte del planeta con privilegios que no se merece, y menos a costa de quien los consigue. Y dentro de todo esto, golpeo mecánicamente las teclas del mecánico ordenador. ¿Por qué? Por absurda necesidad. He pensado muchas veces que todo lo que digo, pienso o escribo no es más interesante de lo que pueda decir cualquier otro, por lo que no tendría sentido que lo escribiese. Ni el otro tampoco. Luego se piensa que no será más interesante, pero al menos es tuyo, forma parte de ti, de alguna manera eres tú. Al final te das cuenta de que tu mensaje no llegará ni a una décima parte de las personas que crees, y que en realidad ni siquiera esto importa. Sólo importa que salga de ti y llegue a quien tú quieras. Como si quieres que no llegue. En la realidad en la que vivimos, esta realidad del ocio, la autocompasión y la búsqueda de una vacía felicidad a cualquier precio, escribir lo que se te pasa por la cabeza es uno de las consecuencias menos patéticas. Y de nuevo el discurso está mezclado, inconexo, desordenado e incomprensible. A lo mejor es que hoy, ahora o siempre debería estar así. O a lo mejor no hay otra manera de estar. Digamos que es la primera entrada. Digamos que todo se concretizará (¿para qué?¿por qué?). Digamos que ni de coña he empezado por el principio. Digamos que soy un capullo más que escribe en Internet en vez de hacerlo en un papel. Digamos que hoy me desperté hormiga y querría acostarme elefante. Digamos buenas noches.